Cistitis idiopática felina

Los animales que padecen esta patología se presentan en la clínica veterinaria con un cuadro de hematuria , polaquiuria, estranguria … Suelen ser animales menores de 10 años y la causa principal es la cistitis intersticial (70%). Otras causas menos frecuentes son la urolitiasis, defectos congénitos estructurales, infecciones, traumatismos, neoplasias… La exploración física del animal y una radiografía nos aproximará al diagnóstico. El análisis de orina nos orientará sobre la presencia de cristales, bacterias, etc.

La cistitis intersticial felina se diagnosticará excluyendo las otras patologías ya que sólo se puede diagnosticar mediante cistoscopia. La cistitis intersticial no tiene cura pero el objetivo será reducir el número de episodios y su duración. Los gatos y gatas pueden padecer esta patología pero los que desencadenarán una urgencia médica serán los machos que sí se pueden presentar obstruidos. Esto se debe a las diferencias anatómicas de machos y hembras (los machos uretras largas y estrechas y las hembras uretras cortas y más anchas).

No se conoce la causa exacta que lo produce aunque hay una serie de factores predisponentes como son los hábitos de ingesta de agua del gato, el tipo de alimentación, la convivencia en grupo, el stress, etc.

La estrategia para el control de la enfermedad será por tanto multimodal, es decir, como no sabemos la causa exacta habrá que tratar los distintos factores que pueden influir y esto pasará por enriquecimiento ambiental, estimular la ingesta de agua, aportar dieta húmeda, controlar los puntos de stress, feromonas, etc.

El paciente obstruido deberá ser sondado, se tratará el dolor y se hospitalizará hasta que su función renal quede normalizada. La sonda estará colocada el menor tiempo posible. La cistitis se normalizará de manera espontánea entre 3 y 7 días y sólo en los casos en que se producen obstrucciones reiteradas habrá que optar por el tratamiento quirúrgico.

La técnica quirúrgica se denomina uretostomía perineal y consiste básicamente en extirpar la uretra peneana, que suele ser la zona de conflicto en las obstrucciones, y exponer al exterior la uretra pelviana que tiene un calibre más ancho. Así se evita la posibilidad de obstruirse con tapones mucosos que son los que con más frecuencia están presentes. La cirugía evitará el riesgo de obstrucción pero no evitará que siga padeciendo cistitis intersticial.

El caso que mostramos es el de un gato macho, castrado de 3 años que se presentó obstruido después de varios días de polaquiuria y hematuria. Se sondó con normalidad y se restituyó la función renal pero tras varias obstrucciones a lo largo de 3 semanas en las que el tratamiento no funcionó se terminó por realizar uretrostomía perineal. En la actualidad el gato vive feliz y sigue tratamiento para su cistitis intersticial pero sin el riesgo de padecer obstrucciones.

Advertencia: la siguiente galería contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunas personas.